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 Málaga, 9 Abril, 2020

Soy una catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Málaga (UMA) jubilada hace 2 años y medio. Hace poco más de 30 años volví de California habiendo aprendido la técnica PCR muy cerca del lugar en el Dr. Kary Mullis y colaboradores la descubrieron. Volví y me propuse incorporar esa tecnología a la UMA. Con entusiasmo y la ayuda de un grupo de jóvenes, que aún hoy se siguen dedicando a la Ciencia y trabajan como personal asociado al Instituto de Investigaciones Biomédicas de Málaga (IBIMA), lo conseguimos. El primer trabajo del grupo que usaba esta técnica lo publicamos en 1994 (ref. doi: 10.1016/0014-5793(94)00698-9).

En varias ocasiones hemos aplicado esa técnica a muestras humanas con fines cuantitativos (ej.: en la publicación titulada Real-time RT-PCR analysis of human histidine decarboxylase, a new marker for several types of leukemia and cáncer (referencia doi.org/10.3892/or.15.1.193, de 2016, entre otras). Además, en mi faceta de profesora le enseñé a muchos estudiantes los fundamentos teóricos y prácticos de la técnica a través de las asignaturas impartidas en segundo y tercer ciclo.

Muchos de ellos trabajan actualmente en IBIMA, que integra grupos de la UMA, y donde hay decenas de grupos de investigación en los que las amplificaciones PCR forman parte de su rutina de análisis. Igualmente tengo la certeza de que la UMA cuenta con bastantes equipos de PCR, varios de ellos muy potentes, que habrían sido capaces de analizar más de 100.000 muestras de presuntos pacientes de COVID-19 en estas últimas dos semanas.

De haberse organizado, seguramente muchos pacientes se habrían diagnosticado correctamente en fases iniciales de la enfermedad y seguramente se hubiera evitado que pasaran a fases más graves de la enfermedad, y además se hubiera reducido el número de contagios. No se ha hecho.

La Universidad de Málaga ofreció este apoyo técnico (termocicladores, “Know-how”, recursos humanos, espacio estéril, etc) hace semanas como apareció en la portada I+D+i de la UMA el pasado 25 de Marzo, y como recordó una publicación del diario Sur hace un par de días. Han pasado dos semanas y no se ha hecho nada por aprovechar esos recursos ¿por qué? ¿Quiénes son los responsables y/o las razones de ese desperdicio de recursos. No lo sé. Se me ocurren varias posibilidades:

Razones burocráticas y normativas que impidan que expertos en una técnica analítica y en la aplicación biomédica de la misma, no estén habilitados documentalmente para su aplicación en clínica. Es una posibilidad, pero entonces este argumento sería incoherente con el hecho de que se estén reclutando a estudiantes de últimos cursos de medicina que tampoco están habilitados para el desarrollo de su profesión. Además, en situaciones de emergencia pueden tomarse medidas transitorias que eviten estos obstáculos.

Razones corporativas que intenten evitar el “intrusismo” de otros facultativos no clínicos. Esta razón tampoco se sustenta, ya que en los laboratorios de investigación de grupos clínicos trabajan con muestras humanas muchos facultativos no médicos (biólogos, bioquímicos, informáticos, farmacéuticos, etc).

Errores de organización u omisión por parte de los responsables de las instituciones implicadas. Al menos queda claro que la UMA hizo un ofrecimiento. El factor diálogo debería estar facilitado por el hecho de que el actual rector es médico de profesión, y el vicerrector de investigación es científico y ha sido responsable de los servicios centrales de investigación, donde fácilmente puede habilitarse un laboratorio para llevar a cabo esos análisis en condiciones apropiadas. Desconozco donde estuvieron entonces los posteriores fallos de comunicación, entendimiento o acción.

También es posible una combinación de dos o más de las anteriores razones (o incluso otras que no imagino) que haya dado al traste con lo que podía haber sido una respuesta pragmática y eficiente a la epidemia en nuestra ciudad y nuestra provincia.

Sean cuales fuesen las razones, no alcanzo a justificar ninguna de las que se me ocurren. Sé que al estar jubilada no puedo hacer mucho, pero puedo pedir con la fuerza de casi 40 años de experiencia como investigadora biomédica, que se subsanen las trabas que estén entorpeciendo poder luchar contra la epidemia con más eficiencia. Hay mucho sufrimiento y muchas vidas humanas en juego, y la inacción es muy dolorosa para aquellos que sabemos cómo es posible paliar el problema.

Espero que esta carta encuentre lectores receptivos y resolutivos a quien esta carta pueda/deba interesar.

Atentamente, agradeciendo su atención,

Francisca M. Sánchez Jiménez

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