Una llamada serena a la responsabilidad colectiva

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La manifestación a la que hemos acudido hoy en Málaga más de 2.000 médicos y facultativos andaluces, y el seguimiento creciente de la huelga médica (cercano al 70% según nuestro sindicato) expresan un malestar profundo que no puede interpretarse como una protesta corporativa menor. Lo que nos estamos jugando no es solo una mejora puntual de condiciones laborales, sino la dignidad del ejercicio profesional, la capacidad de retener talento, la sostenibilidad de la sanidad pública y la calidad de la atención que reciben los pacientes. 

Desde la perspectiva de quienes estamos ya cerca del final de nuestra vida laboral, llama la atención que una parte de los compañeros más jóvenes y residentes no se esté implicando más activamente, cuando muchos otros sí están demostrando compromiso y solidaridad con una reivindicación que afecta de lleno al futuro de nuestra profesión. No se trata de juzgar a nadie ni de ignorar las dificultades reales que muchos tienen: contratos inestables, cargas familiares, hipotecas, miedo a señalarse, agotamiento acumulado o simplemente desconfianza hacia la utilidad de la movilización. Todo eso existe y merece respeto. Pero también conviene decir con claridad que precisamente los médicos jóvenes son quienes más se juegan en este conflicto.

Quienes estamos próximos a la jubilación hemos soportado muchas de las deficiencias actuales, pero ya no construiremos nuestra carrera profesional sobre ellas. Los médicos jóvenes y residentes, en cambio, sí. Serán ellos quienes tendrán que vivir durante décadas con agendas desbordadas, guardias mal reconocidas, presión asistencial creciente, dificultad para conciliar, pérdida de prestigio profesional, burocratización excesiva y una progresiva devaluación del acto médico si no se consigue cambiar el rumbo. Por eso, su ausencia no es neutra: debilita la reivindicación común y facilita que se mantenga un modelo que les afectará de lleno. 

La huelga no debe entenderse solo como una herramienta de presión laboral. Es también una expresión de responsabilidad profesional. Defender unas condiciones dignas no es contrario al compromiso con los pacientes; al contrario, forma parte de él. Hoy se ha dicho en la manifestación: la huelga la hacemos por los pacientes (además de por nosotros, obviamente). Un sistema que maltrata a sus profesionales acaba deteriorando la asistencia, aumentando la rotación, desincentivando la excelencia y haciendo menos atractiva la sanidad pública para las nuevas generaciones. No hay buena medicina sin tiempo, estabilidad, reconocimiento, formación, descanso suficiente y capacidad real para ejercer con criterio clínico. 

La solidaridad profesional no consiste en estar de acuerdo en todo ni en militar de la misma manera. Puede haber formas distintas de apoyar: secundar la huelga, acudir a concentraciones, informar a los compañeros, participar en asambleas, expresar públicamente el respaldo o simplemente no desentenderse. Pero sí exige comprender que las conquistas colectivas nunca se consiguen solo con el esfuerzo de unos pocos. Si los más veteranos se movilizan por un futuro que quizá ya no van a disfrutar plenamente, sería razonable que quienes sí van a vivir ese futuro se sintieran interpelados. 

No se trata de reprochar, sino de llamar a la conciencia profesional. La medicina siempre ha tenido una dimensión vocacional, pero la vocación no puede utilizarse como excusa para aceptar cualquier condición. La responsabilidad individual con cada paciente debe ir acompañada de una responsabilidad colectiva con la profesión y con el sistema sanitario público. Cuando una generación permanece al margen, aunque sea por cansancio o escepticismo, otros deciden por ella. 

Por eso, a los compañeros más jóvenes y a los residentes quiero decirles con respeto, pero también con franqueza: esta huelga también es vuestra. Probablemente, más vuestra que nuestra. No dejéis que otros defiendan solos las condiciones en las que vais a trabajar durante los próximos treinta años. Participar no es un gesto contra nadie; es un acto de dignidad profesional, de solidaridad con los compañeros y de compromiso con una sanidad pública que necesita médicos motivados, respetados y escuchados. 

La unidad del colectivo médico no se construye desde la imposición ni desde el reproche, sino desde la conciencia compartida de que, si no defendemos juntos nuestra profesión, difícilmente podremos exigir que otros la respeten.

 

Fdo. Javier de la Torre Lima

Médico Especialista en Medicina Interna

Hospital Costa del Sol

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